¿Jugamos con nuestros pensamientos y palabras?

En las circunstancias actuales, cuanto nos comunicamos con otras personas habitualmente nos estamos encontrando con dos tipos de respuestas que, de forma repetida, se convierten en actitud. Incluso a veces esa actitud se reitera tantas veces que se convierte en una forma de vida.

Por un lado, personas que continuamente se están quejando, y no les faltan razones. Sin embargo, no siempre parece que estas personas estén realmente haciendo algo para cambiar su particular parcela de problemas, muchas veces sucesivos y concatenados. Y, por otro lado, un bombardeo de recomendaciones de poner en práctica e interiorizar el pensamiento positivo y la asertividad.

Todos podemos trabajar nuestro interior. Nadie es esencialmente negativo o positivo. Todos podemos manejar nuestros pensamientos y palabras y, eso sí, los manejaremos mejor si ponemos en activo el verbo “hacer”.

Quienes nos recomiendan ser sujetos activos en el control y gestión de nuestros propios pensamientos, y más aún, al convertirlos en palabras; defienden que las palabras y los pensamientos son energías que tienen mucha fuerza. Que cuando pronunciamos términos negativos nuestro cerebro interioriza esa negatividad que trasladamos a los demás como si de un espejo se tratara. Y, por el contrario, cuando buscamos “convertir” un pensamiento negativo en positivo, y además, lo transmitimos en términos positivos, se consigue abrir nuevas puertas a posibilidades y alternativas ante las que poder “hacer algo por”.

No es tarea fácil porque sólo nosotros tenemos el poder de manejar nuestras emociones, y esto no garantiza el éxito, pero puede que sí nuestra forma particular de auto-valorarnos y, sobre todo, de auto-exigirnos.

Si somos conscientes de estar haciendo todo lo que esté en nuestra mano, de esforzarnos cada día por superar esas barreras que todos tenemos bastante claro que nos ocasionan problemas; lo consigamos o no, el intentarlo con fuerza nos lleva a saber que “estamos haciendo algo”, estamos siendo proactivos para con nosotros mismos. Y, además, seguro que el receptor de nuestras palabras inmediatamente abre su mente al apoyo o a la comprensión, incluso más que si siempre demostramos estar abatidos.

Supongo que depende del nivel de implicación personal en este trabajo interior. De todo esto lo único que puedo garantizar es que intentarlo no tiene una consecuencia negativa, es difícil cansarnos de la positividad cuando a todos nos gusta estar bien, agradar, y que se nos preste atención. Es difícil que si sonríes no obtengas una sonrisa. Es difícil que si te regalas al mundo como alguien que verdaderamente lucha no te transmitas al exterior como un luchador. Sin embargo, si nosotros mismos nos auto-decimos que mejor esperar a que las cosas sucedan, lo que transmitimos es que no estamos haciendo nada para mejorar aquello de lo que continuamente nos podemos estar “quejando”.

¿Qué os parece un juego de reprogramación de nuestra terminología cerebral? 

Se trata de trabajar sustituir la intención que hay detrás de nuestras acciones, palabras y pensamientos, buscando detectar cómo la intención positiva comunicada con palabras positivas (así sea hacia nosotros mismos) transforman el verdadero sentir de la energía que vamos a poner en intentar cuanto nos propongamos.

¿Y si tratamos de evaluar nuestros pensamientos más negativos y transformarlos en palabras más positivas? Parece un juego de engañar a nuestro propio cerebro, pero es que en realidad podemos jugar con él y entrenarle.

Os ponemos algún ejemplo de sustituir nuestros profundos pensamientos negativos por palabras positivas, a ver qué os parece:

– Menudo problema! = Es un desafío, un reto, como otros, y otros los superé, voy a hacer por mejorar los resultados!

– No lo conseguiré nunca = Voy a poner mi empeño en conseguirlo, es más, estoy seguro de que lo voy a conseguir.

– No puedo = Me atreveré, siempre se puede, si no lo intento jamás sabré realmente si podía conseguirlo.

– Es imposible = Puede ser posible, no lo sabré si no lo intento, veamos a ver…

– Nunca lo haré = Lo voy a intentar.

– No creo = Abriré mi mente. Cuantas cosas creía que no creía y después me he sorprendido a mi mismo, por qué no esta vez…

– No entiendo = Trataré de comprender.

– Yo no valgo para eso = Soy capaz de todo lo que quiera y me proponga. Todo depende de mi nivel de esfuerzo.

– Si tuviera más apoyo = Voy a pedir ayuda, tal vez los demás no sepan que necesito que me apoyen.

– No se puede hacer = Otros lo lograron ¿Por qué yo no?

– No hay manera = Buscaré la forma.

– Todo me sale mal = Lo intentaré otra vez.

– No podré hacerlo = Voy a tratar de conseguirlo esta vez.

– Va a ser un día pésimo = Hoy puede ser un día especial, voy a empezar por dar de mi a otros mi parte más especial, seguro recibiré algo parecido.

– Yo soy así, nunca cambiaré = Yo cambio y me adapto constantemente porque procuro mejorar lo que no me gusta de mi y lo consigo.

 www.fun4shoppers.esDibujoY para finalizar, qué mejor que ponerle música con una canción que viene como anillo al dedo a lo dicho. Maldita Nerea: La Respuesta No es La Huida

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2 pensamientos en “¿Jugamos con nuestros pensamientos y palabras?

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