Otra vez #Facebook en el ojo del huracán

Están las redes sociales completamente revolucionadas estos últimos días a raíz que se “desvelase” un experimento llevado a cabo por Facebook para estudiar la influencia de las emociones en nuestros comportamientos (en nuestros comportamientos, en redes, obviamente).

Esta sencilla noticia que, desde mi particular punto de vista que luego explicaré no tiene la menor importancia, ha desatado una oleada de protestas e indignación en la red.

No sé, realmente cuál es el problema. Si se lee con atención (bueno, realmente tampoco hace falta mucha atención, simplemente leer) la noticia publicada en cualquiera de los medios que se ha hecho eco de semejante “tropelía” se comprueba que lo que Facebook ha hecho durante una semana de enero de 2012 ha sido cambiar el algoritmo con que presentan las actualizaciones de nuestros contactos. Nada más.

Ni se ha inventado nada, ni nos ha engañado con estados falsos ni se ha apropiado de nada que previamente no hayamos subido nosotros voluntariamente a la red, cediendo desde ese mismo momento sus derechos a Facebook.

Solo eso. Ha “desordenado” las noticias para ver si había influencia en nuestro comportamiento en función de cómo fueran los estados de nuestros contactos. Y lo que han descubierto es que, oh gran noticia, el estado de nuestros contactos influye en nuestro estado de ánimo y en lo que compartimos: si vemos muchas noticias y comentarios positivos, tendemos a compartir estados positivos y viceversa.

Nada más. Exactamente lo mismo que cuando un supermercado modifica el orden de disposición de los productos en sus estanterías y estudia cómo influye en nuestra decisión de compra. Ni más ni menos.

El problema es el de siempre. La gente no es consciente, o no parece serlo, de que desde el momento que compartimos algo en una plataforma como Facebook, Twitter, Whatsapp o similar, sale del ámbito estrictamente privado en el que lo manteníamos para convertirse en público y los propietarios de esas plataformas tienen todo el derecho del mundo, porque así lo hemos aceptado al unirnos a sus plataformas, a utilizar esos datos.

Si no nos gusta, es tan sencillo como no estar en redes. SI queremos compartir una foto con un amigo, quedamos con él a tomar un café o una cerveza y nos enseñamos las fotos y las intercambiamos. Aunque eso no evitará que tengamos presencia digital, que alguien hable de nosotros, nos etiquete en sus fotos o nos critique abiertamente.

Pero no. Nos puede la vanidad y el enseñarle al mundo entero lo que hacemos. Y desde el momento que lanzas algo al mundo, me da igual que sea en una red social que en el bar de tu pueblo, deja de ser privado y pierdes el control sobre ello.

Buenos días #fun4Shoppers. Son las doce del mediodía y este ha sido nuestro #fun4Break del día. Parece que seguimos sin entender que el precio de las plataformas, aplicaciones y redes que manejamos a diario es la cesión de parte de nuestra intimidad. Pero el límite lo ponemos nosotros decidiendo qué queremos compartir y con quien. Nada más.

#fun4DJ #fun4Break www.fun4Shoppers.com

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