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La adicción que nunca renocerás

El post de hoy va a ser un tanto distinto. Aviso desde el principio. No habrá management ni redes sociales ni marketing ni nada por el estilo. No. Hoy hablaré de personas. De 1.0. Del cara a cara que tanto se ha perdido últimamente.

Imbuidos en un mundo cada vez más digital casi ya no concebimos hacer nada sin una pantalla de por medio. La digitalización de la comunicación y la globalización de la misma han llevado a que todo lo hagamos a través de nuestros dispositivos.

Es más, incluso en reuniones, comidas e incluso cenas de pareja puede observarse como la mayor parte del tiempo se dedica a trastear con el móvil, comprobando el TL, subiendo o comentado cosas en los muros o actualizando estados. Han pasado a ser más importante quienes tenemos al otro lado de la pantalla que quien tenemos enfrente de nuestros ojos. La gente disfruta más comentando en redes lo que está comiendo que la comida en sí; le llena más seguir interactuando con “desconocidos” que conversar mirándose a la cara; prefiere tuitear lo que está viviendo antes que disfrutarlo.

El mundo 2.0 es importante, no cabe duda. Se forjan en él lazos sólidos, se crean sinergias, se establecen contactos profesionales, se consiguen clientes, se encuentran proveedores… Sin duda que sí.

No debemos, sin embargo, descuidar el 1.0. El contacto entre personas, el poder conversar tranquilamente sin interrupciones ni notificaciones, mirándose a la cara, pudiendo enriquecer cada mensaje con el lenguaje no verbal y nuestra entonación hace del contacto en el mundo real algo insustituible.

Se pueden conjugar ambos mundos. En la dimensiON y la mesura, como siempre, está la clave. De no hacerlo correremos el riesgo de quedarnos solos y aislados del mundo real. Con muchos cibercontactos, followers y “amigos”, pero sin posibilidad de sentir el calor de nadie a nuestro lado, de ningún amigo con quien tomar una cerveza o una pareja con la que compartir una cena deliciosa.

Buenos días #fun4Shoppers. Este ha sido nuestro #fun4Break de final de la semana. La primera de vuelta de vacaciones. Cogiendo rodaje y temperatura. Esperamos que no la hayas leído desde un móvil y, si ha sido así, no hayas dejado de hacer nada por leernos. No te habrá merecido la pena. Seguro que la alternativa era mucho mejor a haber descubierto que, de un modo u otro, eres adicto al móvil y las redes. Aunque nunca lo reconozcas.

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Disfruta de las pequeñas cosas

En nuestro #fun4Task de hoy proponíamos, no sólo para hoy, claro, sino como propuesta vital, el disfrutar más de las pequeñas cosas.

En multitud de ocasiones y con el mundo tan marcadamente materialista como el que vivimos, basamos la felicidad o el disfrute en posesiones materiales, gastos desmesurados y ocasiones artificialmente tildadas como especiales.

La vida es, sin embargo, una sucesión de pequeños momentos que, valorados en su justa medida, pueden convertirse en mágicos e irrepetibles. Una carrera a primera hora de la mañana a la orilla del mar, una puesta de sol, un paseo tranquilo disfrutando de la naturaleza, una animada conversación con los amigos y/o la familia, dedicar tiempo a estar con nuestros hijos… son pequeños momentos para los que no necesitamos nada en especial y constituyen, sin ningún género de duda, la esencia de disfrutar de la vida.

Qué mejor momento que aprovechar estos días de descanso para poder intensificar esas sensaciones. El tiempo en verano transcurre de otro modo, no hay estrés, no hay prisas, no hay llamadas que atender ni problemas que nos acucien. Se dibuja así el escenario ideal para poder dedicar ese tiempo que, aparentemente nos sobra en este momento, a esas pequeñas cosas, esos pequeños placeres, a los que durante el año no prestamos atención y que, cultivados adecuadamente, nos proporcionarán sonrisas sinceras, felicidad y bienestar.

Además, cuando pasado el tiempo volvamos a estar inmersos en la rutina y el corre-corre diario, evocaremos esos pequeños recuerdos, esos mini momentos de placer, como la verdadera esencia de la felicidad. Nos daremos, entonces, cuenta de lo importantes que son, de lo hondo que calan en nuestra conciencia y de lo profundo que es su disfrute. Los tendremos grabados y volveremos a ellos como terapia, como escape temporal, y soñaremos con que vuelvan a llegar para volver a reportarnos esa dosis de paz, calma y felicidad.

Disfrutemos de ellos ahora. Es el momento. Capturemos todos los que podamos para tener un buen almacén de recuerdos imborrables de cara al invierno.

Buenos y placenteros días #fun4Shoppers. Nuestro #fun4Break de hoy, al igual que el #fun4Task de esta mañana, apuestan por darles valor a las pequeñas cosas, a los pequeños momentos. Intentémoslo. Son, sin ningún género de dudas, la esencia de la vida. La llave de la felicidad.

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Viavelez

EL futuro está aquí, aunque no en todas partes

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” Evidentemente no lo digo yo sino que ya en 1894 aparecía esta frase en el libreto de La Verbena de la Paloma.

Y si “ya adelantaban” entonces, ahora está empezando a adquirir tintes de verdadera ciencia ficción. De hecho, cualquiera de los avances que son una realidad hoy en día los veíamos en películas súper-futuristas hace tan solo unos pocos años.

Google está dando un paso más allá con las Google Glasses y ya tiene los primeros prototipos de lentillas inteligentes con las que poder interactuar y trabajar con la realidad aumentada como no hace demasiado tiempo hacía Terminator.

Los drones (antes llamados “helicópteros teledirigidos”, sic) están empezando a llegar en masa y amenazan con conquistar el mundo de la industria videográfica y, especialmente, de la logística convirtiéndose en los repartidores del futuro.

Las impresoras 3D ya permiten, literalmente, fabricar alimentos con formas que no concuerdan con su sabor, objetos imposibles o cualquier cosa que se nos ocurra. De hecho, combinando estos dos últimos adelantos (drones+impresoras 3D) ya se está trabajando en lo que será el método de construcción de edificios del futuro sin necesidad de mano de obra humana de ningún tipo.

Un panorama espectacular, inquietante en algunos casos, pero desde luego absolutamente excitante por comprobar qué nos deparará no ya el futuro sino el presente más inmediato.

Sin embargo, a pesar de estos avances rallantes, en ocasiones, en la magia y lo físicamente imposible, hay sectores y situaciones que siguen ancladas en el más remoto de los pasados.

No es de recibo que, en un mundo en que podemos trabajar cara a cara con ualquier persona del planeta, que nos comunicamos con imagen y sonido desde cualquier dispositivo portátil con sólo un gesto de nuestros dedos, donde los proveedores de servicios se adelantan a nuestros deseos de compra y envían sus productos antes incluso de que los compremos, sigamos con trámites y requerimientos que ya empleaban nuestros bisabuelos.

Partidas de nacimiento, libros de familia, certificaciones académicas, títulos… Incluso carnets o licencias de conducción o de identificación… cualquier documento en formato papel debería estar erradicado de nuestra vida cotidiana hace ya muchos años. Y con él las pesadas tareas administrativas a que nos obliga la burocracia:

Vaya usted a pedir una copia de su partida de nacimiento, traiga su libro de familia, rellene estos dos informes y vaya a aquella ventanilla a que se lo sellen…! Pero… es una broma?? Estamos en pleno siglo XXI!!. Puedo imprimirme en casa la fruta que yo quiera con el sabor que más me guste!! ; tengo al alcance de mi dedo mucha más información de la que podría asimilar en doscientas vidas; puedo manejar mi móvil, parte de mi casa y hasta mi coche con sólo mi voz!!… Y tengo que seguir con papeles, formularios, fotocopias, sellados…?????

Buenos días #fun4Shoppers. Son las doce del mediodía y este ha sido nuestro #fun4Break haciendo una pequeña reflexión sobre la brecha que se está formando entre según qué sectores de la sociedad. Seguir con procedimientos de hace tres siglos no convence a nadie a estas alturas de la película.

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drones

Cookies, Tracking,… el precio del avance tecnológico es nuestra privacidad

Cookies, ficheros de seguimiento, huella digital, evercookies,… Aunque todo esto pueda sonar a chino, están casi con seguridad presentes en tu ordenador o en cualquiera de tus dispositivos.

Es el precio que debemos de pagar por utilizar tantas y tan buenas aplicaciones como las que tenemos a nuestro alcance y que las marcas nos ofrecen “amablemente” de “manera gratuita”. Evidentemente nadie regala nada y esa recopilación de nuestros datos, comportamientos,  movimientos e incluso teclas y/o pulsaciones que hacemos en nuestros ordenadores quedan almacenados y son estudiados concienzudamente por nuestros proveedores de servicios. De ahí surgen buena parte de los datos que componen el llamado Big Data.

Debemos de ser conscientes de ese “control” a que estamos sometidos por parte de los proveedores de servicios, aplicaciones y tecnología. La ley nos trata de proteger, pero realmente, va siempre por detrás de la realidad. Además, no termina de adaptarse al ritmo de innovación y avance del mundo digital y, por ejemplo, la “ley de cookies” no deja de ser para la gran mayoría de la gente un engorro a la hora de navegar por la red que se acepta o se borra directamente sin que tenga el más mínimo sentido ni alcance más allá de la recaudación que por su incumplimiento se pueda generar.

Además, en este sentido, los dispositivos móviles parecen vivir “al margen de la ley” y, excepto los permisos (que también aceptamos sin leer) a la hora de instalar una app, no hay nada que realmente nos proteja o nos informe adecuadamente de la información exacta que estamos cediendo.

En todo caso, somos los usuarios quienes deberíamos, por nuestra propia seguridad saber lo que hacemos. Saber qué permisos estamos concediendo, qué información estamos compartiendo y que estamos autorizando cuando entramos en una web concreta. Y si no lo sabemos a ciencia cierta, ponernos en el peor de los casos: TODO. Absolutamente cualquier cosa que hagamos online está vigilada, registrada y es analizada. Lo que sea. Desde las webs que visitamos, hasta incluso las pulsaciones que hacemos en nuestros teclados, todo se registra.

No deberíamos sorprendernos por eso. Es parte del “acuerdo tácito de funcionamiento” que tenemos con las grandes compañías desarrolladoras de tecnología. Ellos mejoran nuestra calidad de vida (o así nos lo hacen creer) dándonos soluciones tecnológicas cada vez más adaptadas a nuestras verdaderas necesidades y, a cambio, les regalamos nuestra privacidad.

Y cuando hablo de privacidad no me refiero a mis fotos de vacaciones o mis comentarios en una red social. Hablamos de una privacidad mucho más profunda. La que tiene que ver con mis hábitos, mis costumbres, mis necesidades (hasta fisiológicas), mis gustos reales e incluso mis sentimientos.

Como siempre, la única recomendación posible es utilizar el sentido común. Saber que cualquier cosa que haga con un dispositivo móvil puede ser registrado y analizado y actuar en consecuencia. Pero sin alarmarse ni echarse las manos a la cabeza. Es “ley de vida”. De vida tecnológica. Y el precio a pagar por tener una vida cada vez más parecida a la de “Los Supersónicos”, fantástica serie de los años 70 que adelantó con magistral realismo lo que estamos viviendo hoy en día.

Además, la inmensa mayoría de los que ponen el grito en el cielo por este tipo de cosas, son los primeros en llenar sus redes sociales de fotos de sus hijos (menores) absolutamente desprotegidos y al alcance de cualquiera. Eso si que es escandaloso.

Buenos días #fun4Shoppers. Son las doce del mediodía y este ha sido nuestro #fun4Break de inicio de semana.

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Data

El mundo no se acabó ayer

Hoy es, no cabe duda, la comidilla de cualquier conversación. Incluso por encima del cambio de Rey, lo cual era esperable en un país que adora el fútbol por encima de cualquier otra cosa, la eliminación de nuestra selección en el mundial de Brasil es, hoy, tema de todas las portadas, de todas las tertulias (me refiero a las de verdad, las de café, no a las televisivas) y causante de más de una “baja laboral por depresión”.

Al margen de las críticas que se puedan hacer sobre el juego y la motivación de los jugadores (de todos es sabido que cada español lleva dentro un entrenador de futbol, un experto politólogo, un ministro de economía y, en ocasiones, hasta un entendido de la fórmula 1) deberíamos ser, no sólo precavidos, sino también cautos a la hora de lanzarnos “a degüello” contra el juego de la selección.

Somos los españoles especialmente tendentes a pasar del cero al infinito en cuestión de segundos y encumbrar en los altares a quien cosecha cualquier éxito, pero somos aún más rápidos, si cabe, en bajarlos al infierno al primer error. Ejemplos de deportistas de nuestro país que fueron bajados de los cielos, criticados y vilipendiados a diestro y siniestro por haber dejado de ganar hay para no parar de contar: Carlos Sainz, la selección de baloncesto, Yago Lamela (trágicamente desaparecido, además, como consecuencia de ello) y muchos otros deportistas fueron vapuleados en el momento que dejaron de ganar, cuando hasta ese momento eran auténticos dioses. Incluso una figura como Miguel Induráin sufrió críticas injustas en el momento en que no ganó su sexto Tour!!

No soy especialmente futbolero, pero cabe recordar los buenos momentos que nos hicieron vivir estos jugadores que hoy todo el mundo critica. Dos eurocopas y un mundial era algo absolutamente increíble e inimaginable que no estaba ni en el mejor de los sueños de nadie hace tan solo 8 años. Eso se merece un mínimo de respeto.

Además, buscándole el lado positivo, el diario Expansión cifraba ayer la supuesta eliminación (luego confirmada) en 600 millones de euros, cantidad que se estimaba que nos íbamos a gastar con la euforia del mundial, especialmente en bares y celebraciones con los amigos.

Pues bien, ese dinero no se ha gastado. Lo cual quiere decir que está en el bolsillo de los españoles para dedicarlo a otros gastos, para comprarse ropa en las rebajas, cambiar la tele o darse un capricho. Para reactivar en cierto modo la economía. La local, además. La del comercio de cercanía, la de la tienda de al lado, la del negocio de mi vecino… No es mejor eso que gastarlo en celebraciones efímeras de las que al día siguiente solo queda como recuerdo un punzante dolor de cabeza?

Seamos positivos. El futbol no lo es todo en la vida. No vamos a ganar más en nuestro trabajo porque la selección pase,  ni somos unos  desgraciados porque no lo haya hecho. El resultado no nos influye en nuestra vida cotidiana. No hagamos una montaña de lo que es, sin duda, un grano de arena.

Buenos días #fun4Shoppers. Son las doce del mediodía y este ha sido nuestro #fun4Break porque el mundo no se acabó ayer, ni mucho menos!

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Humildad y agradecimiento, las claves en un entorno colaborativo

Las personas son como los lugares: las hay para pasar el día, un fin de semana o para quedarse a vivir.

No sé a ciencia cierta de quién es esa frase, si es un anónimo, es de una película o de algún profundo filósofo. Realmente tampoco importa demasiado. Porque lo importante de esa frase es el contenido, la gran verdad que recoge.

Porque, efectivamente, a lo largo de tu vida te encuentras con gente increíble y maravillosa con la que te quedarías a vivir (aunque desafortunadamente no sea lo que más abunda), gente que está bien, que no te desagrada y con la que incluso congenias, pero que con un fin de semana tienes suficiente y gente con la que pasar un día es más que suficiente.

La infinita diversidad que nos caracteriza nos hace congeniar a la primera con unas pocas personas y establecer esa mágica conexiON en la que el famoso “a todo que SI” sale solo y propicia sinergias espectaculares.

Suele ser gente emprendedora, abierta, colaborativa y colaboradora, humilde y con un talento inmenso. Sin embargo, de todas estas cualidades y características, me quedaré con una sola de ellas. Con aquella que determina la capacidad de sorprender y que hace, llevada al mundo empresarial, que un proyecto te cautive desde el momento que lo conoces o, por el contrario, te desilusione completamente: la humildad.

Somos en #fun4Shoppers absolutamente alérgicos a la egolatría y el egocentrismo que abunda en las redes a poco que se tengan un puñado de seguidores. Nos espantan, no cabe duda. Es, en buena parte, porque la humildad no está entre sus virtudes (si es que tienen alguna, además de la autocomplacencia). Lo suyo es siempre lo mejor, lo más novedoso, lo más grande, lo más IN, despreciando cualquier otra opción alternativa.

En el mundo social en el que nos movemos, sin embargo, si te muestras como lo mejor, tienes que (y aquí sí que “tienes que”) ser lo mejor. Lo máximo. SI creas unas expectativas muy altas en tus clientes, en los consumidores de tus productos o tus servicios, tienes que estar preparado para cumplirlas. De otro modo el batacazo puede ser de órdago. Y llegará si o si. Puede tardar más o menos, pero llegará.

Humildad, por tanto, es la clave. Humildad para, por un lado no avasallar a quienes “pelean” contigo por el favor de tu público objetivo y, por otro, para no causar en él, falsas expectativas que no puedas cumplir.

En un mundo social y colaborativo como el que vivimos la única moneda de cambio válida para pagar acuerdos y colaboraciones son la reciprocidad y el agradecimiento. Y ambas solamente casan con la humildad.

Buenos días #fun4Shoppers. A deshora por motivos de agenda, pero aquí estamos con vosotros como cada día. Tratando, humildemente, de acompañaros, motivaros y, en lo posible, daros algún motivo para la reflexión. El lunes, si queréis, volvemos a leernos.

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agradecimiento

Dónde está el sentido común?

Aunque siempre se ha dicho que el sentido común es el menos común de los sentidos, parece que la realidad se empeña una y otra vez en confirmarlo.

Si uno de las máximas a seguir en cualquier ámbito de la vida es actuar con sentido común, si nos movemos en un medio como es internet, en el que cualquier cosa que se diga o haga tiene trascendencia y queda almacenado, prácticamente, hasta el fin de los días, debería ser dogma de fe.

No somos, sin embargo, muy dados a aplicar ese sentido común cuando se trata de lanzarnos al mundo 2.0. Amparados en un mal entendido anonimato (cualquier persona en las redes puede ser perfectamente identificada ante una presunción de delito, bien sea por sus direcciones de correo, IP desde la que actúa o multitud de otros datos) se vierten opiniones y comentarios que nunca se darían en el mundo real.

El problema es que parece que no somos conscientes de que somos nosotros, voluntariamente, quienes publicamos comentarios, opiniones o fotos.

Si atendemos a la tercera acepción de publicar del diccionario de la RAE, significa “revelar o decir lo que estaba secreto u oculto y se debía callar”. Más claro el agua.

Revelamos información personal que debería seguir siendo personal, confesamos opiniones abiertamente y al público general que son privadas y que, de compartirse, debería hacerse solo con personas de nuestro entorno y de palabra para poder aclarar según qué matices, lanzamos a la red fotografías o videos comprometidos (o compremetedores) simplemente por provocar, por estar a la moda o por el revuelo que pueden causar…

Nuestro comportamiento dista mucho de lo que el sentido común dicta. Y luego vienen las lamentaciones. O las reclamaciones por una presunta “falta de privacidad”. Cómo que falta de privacidad si somos nosotros quienes, voluntariamente, estamos publicando todo eso (recuerdo: revelando lo que se debía callar)??

Se nos llena la boca de reclamaciones de seguridad y privacidad y colgamos fotos de niños o menores en todas las redes. Publicamos en abierto comentarios privados. Lanzamos opiniones arriesgadas sin haber estudiado el tema sobre el que opinamos y con un desconocimiento supino sobre lo que hablamos…

Luego protestamos si un buscador muestra enlaces a publicaciones nuestras pasadas, que no nos gustan o de las que nos arrepentimos.

Y, en un alarde de falta de sentido común, en vez de eliminar esas publicaciones (o pedir que las elimine quien las ha publicado), pedimos al buscador que quite el enlace. La culpa del mensajero, como siempre. Y todo por no asumir la responsabilidad que nos corresponde por esas publicaciones. Por no haber pensado un poco antes de lanzarlas.

Buenos días #fun4Shoppers. Son las doce del mediodía y este ha sido nuestro #fun4Break. Cargado de sentido común. Si en el mundo real debería ser nuestra máxima, cuánto más en el 2.0.

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sentido comun yo no fui